¿Fresco? Identifica si el pescado es apto para consumo

Por Eduardo González

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El pescado, en todas sus formas, tipologías y sabores, es un alimento que aporta grandes beneficios a la salud, por lo que debe incluirse de manera regular en una dieta para que esta sea sana y equilibrada.

Desde los pescados más blancos hasta el marisco, pasando por el preciado salmón o el atún, todos las especies tienen grandes propiedades nutricionales.

Sus variedades y precio hacen al pescado una alternativa obligada para el menú familiar.

No obstante, dichos estos productos pueden provocar graves consecuencias para la salud si se consumen fuera de fecha o en mal estado. Las intoxicaciones alimentarias por pescado o marisco (más en este último caso) pueden llegar a resultar letales.

De esta manera, para saber si el pescado está en buen estado para consumo humano antes de cocinarlo, habrá que prestar atención a tres características detectables a través de tres sentidos diferentes.

El olfato

Si el pescado o el marisco expiden un olor fuerte y desagradable, que recuerda incluso al amoniaco, mejor no tentar a la suerte y desecharlo. Estos productos tienen un olor característico a mar, salino, pero que nunca resulta desagradable o hediondo.

La vista

El pescado fresco suele tener un aspecto brillante y húmedo. Si percibimos que ha perdido estas características, puede ser un indicativo de que está en mal estado. Asimismo, si las branquias se han decolorado hacia el rojo o el marrón, están pegadas entre sí y han perdido el brillo, nuestras sospechas pueden confirmarse.

Textura

El pescado siempre tiene un tacto terso, compacto y elástico, por lo que si pierde estas propiedades, es que no es claro que no es apto para el consumo.

Se igual manera, hay que prestar mucha atención al estado de los ojos del pez, pues si están hundidos son señal clara de que se ha puesto malo, al igual que si al abrirlo las vísceras están hinchadas.

Para extende su vigencia para que sean aptos para consumo humano, lo mejor es, una vez comprados, guardarlos inmediatamente en la refrigerador (sobre todo en el área del congelador), para evitar que pierdan la cadena de frío. Son productos que pueden congelarse y, de hecho, esta técnica es la más habitual y recomendada para evitar la presencia de bacterias que puedan provocar infecciones e intoxicaciones.