Vigilan 175 oficiales de pesca más de 3 millones de km2 de superficie marina

Por Luis Rodmun
luisrodmun@oceanroom.mx

Los mares están ahí donde siempre. Los vemos desde la playa, un avión, un balcón o una postal. Pescamos, nadamos y buceamos entre olas y arrecifes.

Por las tardes disfrutamos del sol que se hunde en el horizonte marino y admiramos su nacimiento por la mañana.

Degustamos un filete de huachinango en hoja santa, un coctel de camarón o un pulpo a las brasas con perfume de romero. Y hasta dieta de pescado inventamos para bajar de peso.

La superficie del océano nos regala esa tranquilidad perpetua, sin embargo, apenas centímetros abajo, existe un universo indómito que lucha todos los días para seguir dando vida.

México ocupa el lugar 12 entre los países con apreciados litorales y superficie marina.

Muy pocos vigilan y procuran los océanos de México. Prácticamente le hemos dado la espalda al mar, a menos que sea sólo para explotarlo indiscriminadamente como destino turístico o pesquero.

La agenda del sector marítimo pesquero y acuícola del presidente AMLO prácticamente no existe, es una cartera de poco valor político y electoral. Y ni hablar de la conservación marina.

Lo que tendría que saber el presidente es que los mares de México no son cualquier litoral, del total del territorio mexicano 65 % es superficie oceánica, el resto es terrestre, es decir, tenemos más agua que tierra.

Gracias a los océanos que nos rodean (Atlántico y Pacífico), México ocupa el lugar 12 entre los países con apreciados litorales y superficie marina, y de las 30 principales potencias de producción pesquera a nivel mundial, México se encuentra los lugares del 15 al 17.

A pesar de extraer un promedio de 1.7 millones de toneladas de pescados y mariscos cada año, esa majestuosidad marina está en peligro ya que el 42% de estas especies comerciales están sobreexplotadas, es decir, se pesca desmedidamente alterando el ciclo de reproducción, crecimiento y abundancia de peces.

A la sobreexplotación de nuestros frutos marinos se suma la pesca ilegal y la que no se reporta, hay registros que entre 1950 y 2010 la pesca real en México fue aproximadamente el doble de la reportada.

Existe también la pesca informal, la incidental, la que nunca llega a puerto mexicano porque se vende en altamar a empresas extranjeras, y como te imaginarás, la autoridad sabe todo lo anterior y hace poco o casi nada para evitarlo. (Y si no lo sabe peor aún).

Y claro que hay omisión por parte de la autoridad si apenas hay 175 inspectores de pesca (Oficiales Federales de Pesca) de la Conapesca para los 3 millones 149 mil 920 kilómetros cuadrados de superficie de zona económica exclusiva para pescar.

La mitad de estos inspectores están en oficinas en labores administrativas o vigilando charales en lagunas y ríos en tierra firme.

Para ilustrar la casi nula capacidad de vigilancia, a cada inspector de pesca (de los 175) le tocaría vigilar más de 15 mil kilómetros cuadrados (casi el estado de Querétaro), ni Aquaman podría vigilar tanto.

La tarea de los Oficiales Federales de Pesca consiste en prevenir y evitar la pesca ilegal, constatar que las capturas se lleven a cabo con respeto a las disposiciones reglamentarias establecidas en las normas oficiales mexicanas e inspeccionar, mediante oficios de comisión, a plantas procesadoras, embarcaciones o granjas acuícolas.

A la falta de Oficiales se le suma que no existen reglas de trazabilidad y etiquetado para rastrear un producto pesquero desde que sale del mar hasta que llega al plato del consumidor final. Amén del rezago de miles de expedientes de actas administrativas sin atender, concentradas en las oficinas centrales de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca), en Mazatlán.

De acuerdo con un reporte del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) los inspectores de la Conapesca vigilan sólo de lunes a viernes y no trabajan de noche, y cuentan con apenas 65 navíos menores para vigilar la flota pesquera del país, y la mitad de esas 65 embarcaciones están estacionadas en muelles por falta de combustible para navegar.

Nunca habrá suficiente personal para custodiar millones de kilómetros de mar, por ello la vigilancia satelital ha sido un gran aliado, sin embargo, en México hay opacidad para acceder a la información de este monitoreo. Muy pocos saben lo que sucede verdaderamente mar adentro.

Por otro lado, la guardia costera de la Marina (de reciente creación), hace mucho pero muy poco por la protección de la biodiversidad marina, su foco principal ha sido combatir el trasiego de droga que sucede en el mar, olvidando toda la ilegalidad que acontece con la pesca nacional.

De acuerdo con investigaciones del IMCO, por cada 100 kilogramos de pesca legal hay otros 60 de pesca ilegal.

Si le sumamos la falta de coordinación de todas las instituciones federales del sector ambiental y pesquero (Conapesca, Inapesca, Semar, Profepa, Sagarpa, Semarnat, entre otras) se convierte en la tormenta perfecta para que nuestras especies estén amenazadas por todos aquellos que explotan nuestros mares fuera de todo marco regulatorio. Además de un La Ley General de Pesca y Acuacultura Sustentables sin reglamento desde hace 14 años, lo que prácticamente impide que pueda ser operada de manera efectiva.

La vigilancia de las zonas de pesca exige una total y plena sinergia institucional, mejores reglas para todos, mayor presupuesto, transparencia, y la voluntad de todos los pescadores industriales, ribereños o artesanales, sociedad civil, así como una profunda cooperación de legisladores y funcionarios del sector pesquero y ambiental del gobierno federal y local.

Existe la esperanza de devolverle al mar todo lo que nos ha dado. Aún tenemos margen de maniobra para salvar a nuestros océanos y alguien debe decirle al Presidente López Obrador (que le gusta mucho la comida de mar) que los litorales marinos de México tienen que estar en su agenda de prioridades, por el bien de futuras generaciones.